El archivo secreto de Frida y Diego
Después de cincuenta años salió a la luz el archivo personal de Frida Kahlo
y Diego Rivera. Una selección de los veintidós mil documentos, entre
cartas, dibujos, bocetos, libros, fotografías y objetos personales, se exhibe en el Museo Frida Kahlo de Coyoacán, México Corre el año 1939, Frida Kalo está instalada en la Cuidad Luz para preparar la segunda exposición de su vida y esas son las confidencias epistolares que comparte con su gran amor: Diego Rivera. Estas y un sinnúmero de pequeñas revelaciones sobre la pareja mexicana más popular de todos los tiempos han salido a la luz a partir de la desclasificación de veintidós mil ciento cinco documentos, que por designio de Rivera se ocultaron por medio siglo en la Casa Azul, de Coyoacán, donde vivió la pareja. Ordenados y clasificados por especialistas durante tres años, hoy ese acervo–compuesto por cinco mil trescientos ochenta y siete fotografías, tres mil ochocientos setenta y cuatro recortes de periódicos, cincuenta dibujos de Kahlo, otros tantos de Rivera, además de los bocetos y estarcidos de sus murales, centenares de cartas, miles de libros autografiados y dibujados, además de ciento ochenta prendas de Frida, su teatrito de títeres y escritos revolucionarios de Diego y sus coterráneos– se exhiben en México bajo el título Los tesoros de la Casa Azul. Diego y Frida. En proceso de digitalización, la buena noticia es que el mes próximo toda esa historia fascinante que permite reconstruir minuciosamente el devenir de una pareja mítica del siglo XX estará disponible para público e investigadores a través de la página web del museo Diego Rivera Anahuacalli, Mientras en México se suceden los homenajes nacionales por el quincuagésimo aniversario de la muerte de Rivera y todavía no se apagan los fastos por las celebración del centenario del nacimiento de Kahlo– acontecimientos sinérgicos que potencian el turismo cultural–, la muestra en la Casa Azul fascina al mar de gente que la visita, a razón de mil doscientas personas por día. Recorrer la exposición es una odisea para la mirada, pero con paciencia y tesón se observan los aros con forma de manos que Picasso le regaló a Frida; el caballete de madera, obsequio de Rockefeller a la pintora, con el retrato al óleo de Stalin pintado por Frida; los revolucionarios Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, inmortalizados en fotos en la cabecera de su cama con baldaquiño. Pero más allá de ese universo ecléctico de objetos personales, subyugan los contenidos de sus cartas. Rivera encabeza sus epístolas con: "Mi niñita: eres lo más lindo que hay en la vida, y firma como "tu viejo del agua, el principal sapo rana". Frida retribuye escribiendo en cuanto papel se encuentre: "Diego y Frida; Amo a D, D, el amor de mi vida". Y hasta el amor clandestino de su propio médico, Leo Eloesser, queda en evidencia: "Chula linda y única: Encabezando la lista de las cinco hembras heroínas y adornos de la patria, has de poner: 1.Frida, luego 2. Frida y 3. Frida, entonces, 4 Frida y por fin 5. Frida. . La advertencia epistolar entre Nelson Rockefeller y Rivera, en 1933, por la inclusión de Lenin en el mural del Rockefeller Center habla con toda elocuencia sobre los modos de la disuasión. Escribe el magnate sobre ese rostro incómodo: "La pieza está hermosamente dibujada pero me parece que este retrato en el mural puede ofender muy fácil y seriamente a un buen número de personas. Dos días después, Rivera le contesta: "En vez de mutilar la concepción prefiero la destrucción física de la concepción en su totalidad, pero conservando, al menos, su integridad" La trascendencia de Frida como fotógrafa, a partir de dos naturalezas muertas, de 1926, que ella construye con objetos, dispuestos escenográficamente-. Esas fotos, cimentadas con impronta modernista, la proyectan como una Man Ray mexicana En la primera, Frida recrea su accidente por medio de muñecos y en la otra, honra la abstracción en un contraste rígido de enseresy sombras. A partir del estudio de las cartas, se destaca la mutua retroalimentación que como artistas mantenían Diego y Frida. Ilustra este punto la carta que Frida le envía a Diego, consultándolo sobre el cuadro El Suicidio de Dorothy Hale, que Frida comienza a
pintar en Nueva York: "Podría pintar la cosas al revés: no pintar lo que estaba dentro de la ventana (desde la cual se lanza al vacío), sino lo que sus ojos vieron antes de matarse. Por otro lado, resulta esclarecedora la interpretación que hace la pintora sobre su icónico lienzo Las dos Fridas. El objeto más vivo del cuadro son los corazones que, unidos por arterias imaginarias, se vuelven uno solo...Creo que el objeto claro de esta pintura es la relación entre mi vida interna y Diego. El deseo de externar con colores y formas lo que no podría con palabras, y también el placer magnífico de pintar por pintar, no importa qué".
Donanfer