Una Carta de Amor Entre Los Discos
Hace veinticinco años, el 4 de octubre de 1982, cuando murió el brillante pero excéntrico
pianista Glenn Gould, sus colegas fueron convocados para limpiar y ordenar el contenido de su atestado departamento de Toronto. Entre los frascos de píldoras vacíos y los discos apilados y desparramados, encontraron algo que no esperaban: una carta de amor. "Estoy profundamente enamorado de cierta bella muchacha", había escrito el
pianista. Fácil de admirar, , era casi imposible conocerlo. Y, sin
embargo, entre 1967 y 1972, Gould, tan celoso de su intimidad, había tenido una relación amorosa con la bella Cornelia Brendel Foss, una artista germano-estadounidense que había dejado a su esposo, el prominente conductor y compositor Lukas Foss, y se había mudado con sus dos hijos a Toronto, la ciudad natal de Gould. Este intento de vida doméstica, solo conocido por sus amigos íntimos, parece haber sido el núcleo de la lucha interior que Gould sufrió durante buena parte de su vida, que lo hizo debatirse entre impulsos conflictivos: por una parte, producir música que conectara a la gente con su propia espiritualidad y, por otra, evitar involucrarse en un mundo que le inspiraba tantos miedos. La reticencia de Gould para relacionarse con otros fue origen de muchos rumores, entre ellos que era asexual u homosexual. En 1956, recuerda Foss, su esposo estaba ensayando para un concierto con Leonard Bernstein, en la calurosa Los Ángeles, cuando apareció un Gould de 24 años, con cara de bebé, sin anunciarse y vestido con las ropas invernales que eran su marca registrada. "Le dijo a Lukas: ´Hola, soy Glenn Gould. Vengo a escuchar al mejor pianista del mundo ." Por su parte, según dicen sus amigos, Gould se sintió atraído por la belleza de la rubia Foss, por su inteligencia y su carácter independiente. Hija de un historiador del arte y una madre experta en arte clásico, Cornelia había estudiado escultura en la Academia Americana de Roma, donde el compositor Aaron Copland la presentó a Lukas Foss. "Era el James Dean de la música clásica", dice Tim Page, un crítico musical del Washington Post , ganador del Pulitzer y amigo de Gould. Era un tipo audaz que no parecía salido del conservatorio. Tocaba como un ángel, pero transmitía gran tensión." Page califica la música de Gould como "urgente, vibrante, brillante y abiertamente sexy . Gould y el cerebral y amigable Lukas Foss trabajaron juntos en algunas partituras y en los documentales radiales de Gould, y Cornelia Foss también participó en un proyecto. Sin embargo, cuando Lukas se convirtió en director de la Filarmónica de Buffalo, en 1963, los Foss estuvieron a unos 130 kilómetros de Toronto, la base de Gould. "Glenn llamaba mucho a mi casa", recuerda Foss. En 1966, Gould le pidió a Foss que se casara con él. Volverás ". En cambio, Foss se instaló con sus hijos en una casa que compró en Toronto. Para los que pensaron que estaba cautivada por el arte de Gould, les tenemos reservada una irónica sorpresa: a Foss no le gustaba la manera en que Gould interpretaba a Bach, el compositor clásico que fue el otro amor de su vida. "Bach tiene un tema religioso", explica Foss. "Mi abuelo era deán de la catedral de San Lorenzo, en Nuremberg. Aunque no da detalles personales, Foss dice que Gould era romántico y que ambos estaban muy enamorados. Pronto, sin embargo, Foss empezó a dudar de la relación, a partir de 1967, cuando Gould pasó por un grave episodio paranoide. Era algo más grave. En su libro Glenn Gould: The Ecstasy and Tragedy of Genius (W. W. Norton, 1977), el psiquiatra Peter Oswald, que había sido amigo de Gould, especulaba con la posibilidad de que el pianista sufriera el síndrome de Asperger, una alteración de conducta semejante al autismo pero no tan invalidante, que, según otros, puede haber afectado también a genios de la talla de Albert Einstein. Pintora talentosa, Foss tuvo que postergar su carrera para ocuparse no solo de Gould y de sus hijos, sino también del marido, a quien había dejado. "No tenía paz mental para pintar", dice Foss, quien nunca intentó hacer un retrato de Gould. Este y Foss hablaron de casarse y de comprar una casa, recuerda ella, pero la idea quedó en la nada porque él se negó a iniciar un tratamiento de sus problemas emocionales. "Hubiera podido ser un buen esposo y padre." Finalmente, Foss decidió romper la relación. El pianista, sin embargo, no cejó: condujo 800 kilómetros hasta Bridgehampton para convencer a Foss de que volviera a Toronto. Gould murió diez años más tarde, sin haberse casado nunca. Ella y Lukas Foss han estado casados durante cincuenta y seis años. Su hijo Christopher es ejecutivo de publicidad y su hija Eliza es actriz. No sabe si la carta encontrada en el departamento de Gould se refiere a ella, dice con incomodidad, y sugiere, incluso, que podría ser ficticia. "Era una persona tan recluida", . . . . "Se habría revolcado en su tumba si hubiera pensado que alguien encontraba algo escrito por él que revelara sus emociones." Tal vez este sea uno más de los muchos secretos que Gould se llevó a la tumba. Si hay una respuesta, tal vez esté en su música, que sigue vendiéndose y es escuchada en todo el mundo como el mejor memorial de un talento único, notable y misterioso.
Donanfer