Sam Shepard nació en el año 1942, en Illinois. Fue coguionista de los filmes " Zabriskie Point" y " París,
Texas". Es dramaturgo consagrado. Excelente actor. Compositor. Arreglador de música y percusionista (que lo digan los vetustos Stones y el ser alado de Bob Dylan, por si hiciera falta). Aparte del libro Crónicas de
motel - editado en 1982 por City Lights Books, San Francisco-, Shepard también escribió Luna Halcón. Además ha sido galardonado con los premios Pulitzer y Obie.
CRÓNICAS DE MOTEL
Hoy estuve leyendo a Sam Shepard: Crónicas de motel una vez más. Y resultó lo de siempre, un juego de peonza. Me puse a hojear sin mirar, me detuve cada tanto, y enseguida di con Todavía se queda en silencio de repente y se queda mirando fijamente al vacío durante muchas horas seguidas. Cuando se refiere a su pasado lo llama "antes de que me reventara la cabeza". Después, me vino el mareo inevitable.
Aclaro que rastrear las páginas de Crónicas de motel es una rutina que me seduce. Rutina que al día de hoy he llevado a cabo infinidad de veces. Al principio el punto fue leer el libro por aproximación. Con cierta reserva. Luego, con el tiempo, me vi necesitado a aprehenderlo de buenas a primera, sea por la consistencia de su discurso, sea por el develamiento y la furtividad severos que subyacen en la mayoría de los textos que le dan forma. Así, gradualmente, llegué a vislumbrar cómo Shepard relata desde dentro y desde fuera de la historia que lo ocupa y a una sola vez. Teniendo en
cuenta las frustraciones de su gente y exponiendo ambientes tan despiadados como perturbadores. Emocionalmente trágicos y fascinantes. Para ello nos toca. Y por ello nos conversa, sin insinuarlo siquiera, de Aullido, En el camino, y El almuerzo desnudo -que son algunas de las obras que lo han nutrido.
Pero, en verdad, el tipo sólo se descubre mediante sus feroces confesiones: es Shepard -un individuo relatado- desplazando aventuras y sueños en medio de un contexto que lo contiene. Y es Shepard -el individuo relator- emigrante intruso en su propia tierra. A tal punto es así que, desde las primeras líneas, Crónicas de motel destapa suertes y fatalidades de una época que marcó a fuego a toda una generación: linaje del que Sam Shepard es parte.
(Veamos -sabrá Dios si lo que sigue es cierto o pura fantasía-: Hay quienes juran y perjuran que Shepard festejó su cumpleaños veinticinco en el barrio Haigh Ashbury de San Francisco, deambulando todo el día en busca de la música de Joan Baez y Jefferson Airplane. Otros atestiguan que en el 68 participo de los disturbios estudiantiles en Ciudad de México, que se encontró de casualidad con Lawrence Ferlinghetti en los urinarios de la Universidad, y que ambos dialogaron allí un rato largo, en plena represión. Y otros señalan que una lluviosa tarde de agosto del 69 fue con el viejo Allen Ginsberg a la granja de Max Yasgur a tararear Janis Joplin.)
Prosigamos. También desde el primer renglón se experimenta la sensación de que la obra nos está proponiendo algo que excede la mera lectura. Sin ir más lejos, apenas si Shepard la ciñe con fechas y lugares a pie de página. Es decir, no hay títulos. Pero sí una desmedida cantidad de pensamientos expuestos con letras que suenan a voz de amigo. De amigo cercano: ya apariencia, ya concreto. Por ejemplo, los relatos truncos, los poemas de verso libre, y los esbozos un tanto demostrativos que le dan forma a Crónicas de motel, bien pueden ser desprendimientos testimoniales de la conocida "apariencia Shepard"; o bien expresiones simplemente oníricas, fabuladas quizás, que para el caso no dejan de ser propias de la también sabida "entidad Shepard". Después, al paso de la lectura, será lo de menos que malicies que cualquiera de los dos te está haciendo una invitación de viaje al albur. Será lo de menos, claro. Puesto que el itinerario formulado, que cuenta con muy pocos atajos, te negará el descanso. Como notarás, el tipo nos ha invitado a ir a ninguna parte. Lo sé porque me ha pasado y, como comprenderás, todavía me pasa. Para serte franco.
Ahora, inquieto por ensanchar el gesto, y si aún estás ahí, te pido que te pongas a leer Crónicas de motel, por favor. Que después me cuentas.
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