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Shvoong Principal>Libros>Reseña de Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio

Reseña del Libro   por:Martin Lucas Perez     Autor : José Zorrilla
ª
 
Sólo la enorme capacidad de Zorrilla para teatralizar una historia y versificar graciosa e incansablemente salva a su versión del mito de don Juan de ser un pastiche hueco y sermoneador. Pese a la liquidación del personaje de don Juan como mito del libertinaje y como héroe romántico que supone el presentarle (aunque sólo sea en el último segundo de la obra) arrepentido de su vida pecadora y salvado por amor a doña Inés, la obra se ha convertido en la más representada del teatro en lengua castellana. Esos versos pegadizos (a menudo, excesivamente simples) y ese cóctel de poses románticas ya en indudable estado de domesticación tienen la culpa. ¡Cuál gritan esos malditos!
Pero, mal rayo me parta
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos!
(I, acto I)
Así comienza el festival de ripios, entre el encanto y el espanto, que componen el Tenorio. El primero de los siete actos de que consta el drama (agrupados en dos partes) juega con enorme habilidad con el suspense en la presentación de los personajes, al ir preludiando y relatando los preparativos de la gran cita entre los dos grandes libertinos en competencia, don Juan Tenorio y don Luis Mejía. Uno de los aciertos y de las aportaciones originales de Zorrilla es precisamente la creación de este antagonista de don Juan, cuyas grandes pero insuficientes hazañas en comparación con las del Tenorio, ayudan a resaltar la enorme personalidad de éste. Casi todo lo demás (la suplantación del amante en la cita con doña Ana, el rapto de la novicia, la visión del propio entierro, la invitación a comer al muerto, etcétera) lo ha sacado de otros dramas, aunque eso sí, encajándolo perfectamente y aprovechándolo al máximo. Al principio la trayectoria de don Juan es la misma que la de las demás versiones del mito, es decir, la de un libertino que va de trastada en trastada sin arrepentirse de ninguna y sin querer saber nada de Dios. Por dondequiera que fui
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Yo a las caba as bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí. (XII, acto I)
Incluso, un primer intento de rehabilitarse es frustrado por la desconfianza e intransigencia del comendador y de don Luis Mejía, después del cual —justo al concluir la primera parte del drama— don Juan queda más recalcitrante y más satanizado que nunca: Llamé al cielo y no me oyó
y pues sus puertas me cierra
de mis pasos en la tierra
responda el cielo y no yo.
(X, acto IV)
Hasta aquí Zorrilla nos ha relatado con dinamismo y vigor una serie de peripecias no poco complicadas, con las escenas justas, amenos diálogos, espadas y lances de amor y algún monólogo nada monótono. Son especialmente brillantes los diálogos entre don Juan y la criada de doña Ana de Pantoja a través de la reja, la lectura que hace la inocente doña Inés de la ferviente carta que le envía don Juan, interrumpida por las ladinas explicaciones de la celestinesca Brígida, y el famoso diálogo de amor en la casa de don Juan entre éste y la novicia recién raptada. La habilidad escénica de Zorrilla no será tan sobresaliente en la segunda parte. Aquí encontramos a don Juan, cinco años después, de regreso en Sevilla visitando el panteón que ha hecho construir su padre para desagraviar a todas sus víctimas. La invitación que cursa a la estatua del padre de doña Inés, el comendador, adquiere aquí un carácter más realista al estar movida por las burlas que hacen de su cobardía sus amigos de juerga. El resto es la leyenda del convidado de piedra casi igual a como la narró Tirso en El burlador de Sevilla, seguida de un final con reminiscencias de El estudiante de Salamanca, de Espronceda, en que don Juan, muerto aunque creyéndose aún vivo, ve su propio entierro y aprovecha la oportunidad que Dios le concede por mediación de doña Inés, para arrepentirse e ir al cielo. Zorrilla deja claro que su don Juan no es el impenitente que niega a Dios hasta delante de los muertos: "¡Clemente Dios, gloria a Ti!
Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí.
Más es justo; quede aquí
al universo notorio
que, pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de don Juan Tenorio."
(Escena Final)
Publicado el: 05 octubre, 2007   
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