(
Raymond Carver -Clatskanie, 1939 / Port Angeles, 1988- edita en 1976
¿Will you please be
quiet, please? , su primer libro de ficción. Enseguida la obra se convierte en suceso, consagra al autor y lo posiciona entre los mejores de la literatura norteamericana de la época. El cuento que nos ocupa es uno de los veintidos reunidos en el libro citado.)
PÓNGASE USTED EN MI LUGAR Cierta vez, Raymond
Carver confesó que por un tiempo tuvo metido en su cabeza un extravagante pensamiento que decía: Estaba pasando la aspiradora cuando sonó el teléfono. A los pocos días se dio cuenta que debía darle crédito a la idea: ¿cómo negarse a recibir la
historia que aquélla trataba de poner en sus manos? Entonces hubo mediodía de escritura... y el hombre dio con Póngase usted en mi lugar ya realizado.
Dicho trabajo refiere las peripecias que viven dos matrimonios durante una nevada y azarosa tarde-noche de Navidad norteamericana. Y precisamente comienza con la frase Estaba pasando la aspiradora cuando sonó el teléfono.
El personaje principal del cuento de Carver se apellida Myers. Es un escritor que se halla atareado con una novela que redacta cuando puede. Y, hasta cierto punto, bien podríamos considerarlo alter ego del mismísimo Carver, su hacedor. Bien. Myers es quien desencadena el drama: no es y no hace lo que se espera de él durante la historia. Claro, Paula, su mujer, ayuda. Pero, ya lo verás, por omisión. Ahora, señalado lo anterior, notemos que los acontecimientos que le dan cuerpo a la obra transcurren casi todos en el hogar de los Morgan -residencia tal vez acomodada, de típico suburbio estadounidense-, que es el lugar al que los Myers han ido de visita. Si bien las dos parejas hacen de las suyas allí dentro, Carver no se queda atrás: contribuye con lo propio.
Por eso, una advertencia.
Es posible que cuando leas el relato de que hablamos te vengan ganas de recelar. Quién sabe si no te embarga la sensación de que la razón se te agita por primera vez. Lo digo en tanto que vos, libro en mano, empezarás a captar una ficción que de verdad supera la cotidianidad de que se alimenta. Ficción desplegada cual enjambre de formas donde vivencia e imaginación aparentan ser una sola cosa o, mejor, una nueva realidad de verdadero alcance. ¿Por qué? Bueno, porque, sistemático, Carver se detiene a fisgonear y exponer las insignificancias usuales de las cuatro personas que viven la narración. Y porque su escritura da la impresión de ser una estampa de la vida cotidiana. ¿Quién podría, entonces, no sentir en carne propia la desdicha de aquella gente mediante la aparente sensatez que trasuntan sus acciones? ¿Quién?
Ahora regresemos a la residencia de los Morgan.
Se bebe mucho ponche. Mucho y por las fiestas, claro. Hasta que el dueño de casa quiere saber cosas acerca del oficio de Myers. En consecuencia, al asunto se le da por desbarrancarse. Es que, según Carver, la historia debe identificarse a sí misma. Así vemos a los Morgan contando chismes con afán de interesarlo a Myers; por caso, un amor clandestino, violencia, derivaciones consabidas, y demás. De nuevo, ponche. Y de nuevo, Carver. Haciéndose cargo de la simpleza provocativa y elocuente conque maneja lo implícito mientras los dos matrimonios discuten pormenores. Pero, ¿qué siente Myers que quiere retirarse así, tan de repente? ¿Resulta alarmante que quiera hacerlo? Veamos. La mujer de Morgan pide que se queden otro rato. Su marido propone que ella relate una anécdota que a Myers le puede venir bien. Já, más ponche. De todos modos, Myers se pone de pie. La mujer de Morgan, que dudamos esté escondiendo nada, emprende la recitación de su historia. Cuenta, y a Myers le parece insubstancial lo que la mujer cuenta. Se burla. El señor Morgan se pone fuera de sí. La escena se desfigura. Aparecen los reproches. En el interín que advertimos que los Morgan alzan la voz a más no poder, los Myers ya están saliendo de la sala. Urgidos, salen. Entonces la modalidad del doblez y el embozo en la letra de Carver. Y el talento a fin de expresar tamaña des-realización que trastorna como ninguna: concentración de naturaleza carveriana, que le dicen.
Cuando los Myers ya están dentro de su auto, Paula comenta cosas de los Morgan. Lo hace como al pasar. Myers no le presta atención. Y Carver aprovecha y tira de la cuerda con tal de darle a la pieza un final apropiado: emplea nieve y silencio para aislarse junto a los Myers de la realidad circundante.