Sin
testigos aparentesEn el año dos mil cuatro de la Cuba de entonces, un poemario sale a la luz bajo el título
de Sin
testigos aparentes. Su autor, Daniel Laguna Labrada, diez años antes había publicado otros dos libros de poemas, Parto de todos los días y Testigos de causa, por la misma editorial Sanlope que publico su nuevo texto.
Un libro es un hombre que nos habla, pero que lo hace si somos capaces de escucharlo. Y si es un hombre inteligente el que nos habla entonces el lector, la lectura, debe ser lúcida, o no sería. Lo primero que aparece en Sin testigos aparentes es un soneto, sin título, aparentemente a modo de auto cita, pero que es, en verdad, un guiño cómplice para decir, por lo claro, qué quiere conversar con nosotros el poeta y por qué lo hace, porque, ¨en verdad, la verdad no es absoluta¨ pues, si lo fuese, ¨la historia quedaría diminuta¨ y fuera un ¨inútil quien teme a la palabra¨. Por lo tanto, va el poeta a dar aquí ¨su estatura hueso a hueso ¨.
En esta entrega sin testigos aparentes el cubano Daniel Laguna Labrada salda primero su deuda con quien domeñó sus afanes por verlo crecer, la madre, con aquel rostro sin espejo, el hijo ausente y baja de la montaña del pudor a la hermana. Pero también salda su deuda con algunos poemas escritos por los mismos tiempos de aquellos que integraron sus dos libros anteriores. Luego de diez años, al poeta se le han muerto los mitos, ha perdido la inocencia de una manera profundamente desgarradora al descubrirse las manos y no haber entendido a los oráculos del tiempo. Es como si ahora, sin aparentes testigos, Daniel pusiera en las palabras su propia vida, para que fuéramos descubriendo poco a poco el camino de tantos que fueron de la inocencia al desgarramiento, de este al enfrentamiento y luego al amor, pues él se confiesa ¨nada más un poeta, los amo a todos con rabia¨. Daniel Laguna ha mirado atrás y ha visto que nacer ¨es la responsabilidad de escoger entre la muerte y el silencio¨ … Por eso escoge entonces hablar, aunque la muerte atraviesa todo el poemario y está en la espada que te dan con el bosque para que lo defiendas y cuando pides pan y te dan la espada para que te defiendas y cuando pides la palabra y te dan la espada para que te defiendas. No queda entonces dudas para el poeta, ¨has de romper la espada o rajarte el vientre cuajado de mentiras porque el hombre ha de ver los bosques que pululan tras el humo¨ pues, en la muerte y mentira donde estamos, su razón va muriendo amablemente, sin aceptar a los que se erigen Dios.
Alguien me dijo una vez que la poesía es una manera fuerte de estar en el mundo y que poeta era aquel que leía antes en la realidad lo que después encontrarían los hombres, lo que después vendría a ser la vida cotidiana. Mucho de ello tiene el poemario Sin testigos aparentes, del cubano Daniel Laguna Labrada, por lo que su lectura debe ser sin pre juicio alguno, hay que entrar en el y ver que nos dice el poeta, sabiendo, si, de antemano, que la verdad no es absoluta, sobre todo cuando el poeta entrega su estatura hueso a hueso.
El cubano