La Vida en la Edad Media: Amor Conyugal (y algo más)
Aunque la iglesia condenó la homosexualidad en la Baja Edad Media,
no le había preocupado demasiado el comportamiento homosexual, y tal actitud también prevaleció en el mundo secular. Un enfoque preferido de los críticos fue identificar a los homosexuales con otros grupos detestados. Se describió la homosexualidad como una práctica regular de musulmanes y conspicuos herejes, como los albigenses. Entre 1250 y 1300, lo que se había tolerado en la mayor parte de Europa, ahora constituía un acto criminal que merecía la muerte. En su Summa Teologica, Tomas de Aquino manifestó que el propósito del sexo era la procreación, por lo tanto, solo podía ser practicado legítimamente de forma que no excluyera esta posibilidad. Así la homosexualidad era "contraria a la naturaleza" y constituía una desviación del orden natural establecido por Dios. En la mayoría de los textos alto medievales no se hace
referencia a la relación conyugal con la palabra amor, utilizándose más bien el término "caritas". Este término lo utilizó Jonás de Orleans en el siglo IX para hacer referencia al amor que conlleva la "honesta copulatio", la relación
sexual que tiene como objetivo la procreación, una relación carnal sin desbordamientos y absolutamente fiel y desinteresada. Eginhardo, el biógrafo de Carlomagno, hace referencia a su fallecida esposa como "su mujer, su hermana, su compañera" mientras que una pareja del siglo V se separan para disfrutar del matrimonio místico con Dios. Sí se emplea la palabra amor para hacer referencia a la relación extra conyugal, cargada de pasión. En la Alta Edad Media se considera que el amor es un impulso irresistible de los sentidos, un impulso de deseo que difícilmente puede manifestarse en el ámbito matrimonial. Los germanos utilizan un término relacionado con el deseo sexual: la "líbido", curiosamente siempre relacionado con las mujeres. Los códigos legales hacen referencia a este ardor sexual, hablando de las viudas: "toda viuda que libre y espontáneamente, vencida por el deseo se haya unido con alguno y esto haya acabado por saberse pierde inmediatamente sus derechos y no puede casarse con el hombre en cuestión" Aunque la religión cristiana era la oficial de los diferentes Estados germanos surgidos tras la caída del Imperio Romano de Occidente, el paganismo perduró en las conductas sociales durante la Alta Edad Media tal y como nos informan obispos y clérigos, al menos hasta el siglo X. Para conocer la realidad cotidiana, el hombre medieval buscó explicaciones sobrenaturales y explicaciones religiosas. Muchos hombres creían que sólo era posible llegar a él mediante el auxilio de la fe. Durante la Edad Media, en los intentos por explicar el mundo se cruzaban dos tradiciones: la tradición pagana, de origen germano, con sus dragones, sirenas y bosques animados, y la tradición cristiana, según la cual la verdad y el conocimiento último de la realidad sólo se lograba mediante la razón iluminada por la fe. Sin embargo, ambas tradiciones no tuvieron igual importancia para los hombres de la sociedad feudal. Cuando los campesinos trabajaban la tierra recitaban antiguas canciones y palabras mágicas para lograr que sus campos fueran fértiles; también era común que consultaran a magos y hechiceras si tenían algún problema. Pero la Iglesia se ocupó de que los campesinos agregaran a sus cánticos paganos oraciones de origen cristiano. sal, gusano, con nueve gusanillos, pasa de la médula al hueso, del hueso a la carne, de la carne a la piel y de la piel a esta flecha", y luego obedeciendo a la Iglesia y procurando también evitarse problemas con su señor, decían: "Así sea, Señor''. Lo sobrenatural parecía ser la única respuesta al origen de las cosas y de la vida. Fueron los valores y creencias cristianos —impulsados por la nobleza laica y eclesiástica— los que predominaron. Arrojar unos granos de cebada sobre el fuego del hogar y contemplar como saltaban era considerada una sal de peligro. Numerosos adivinos se ponían en contacto con los muertos. Era frecuente que el adivino se sentara en un cruce de caminos sobre una piel de toro -con la zona ensangrentada vuelta sobre la tierra- para recibir las comunicaciones de los difuntos, en el silencio de la noche. La mujer era la mediadora entre los vivos en la tierra y los muertos en el cielo. Para curar a los niños enfermos se les introducía en una excavación cerrada con espinos, situada en una encrucijada. Si la madre tierra se empapaba de la enfermedad, el niño dejaba de llorar y estaba curado. Si la mujer no deseaba quedarse encinta se desnudaba, se embadurnaba en miel y se revolcaba en un montón de trigo, recogiéndose con cuidado los granos que habían quedado pegados a su cuerpo. Esos granos eran molidos manualmente al contrario que de la forma habitual, de izquierda a derecha. El pan resultante de esa harina se ofrecía al hombre con el que se mantendría la relación sexual. Un afrodisíaco utilizado en la época era la introducción de un pez vivo en la vagina de la mujer, donde quedaba hasta que moría. El pez era cocinado y servido al marido que de esta manera se cargaba de potencia sexual. Otro sistema sería amasar la pasta del pan en las nalgas de una mujer o sobre sus partes genitales, provocando así el deseo del hombre perseguido.
Donanfer