Este relato, basado en un supuesto manuscrito antiguo, cuenta la historia de Adso de Melk sobre algunos hechos que presenció
en su juventud y de su gran admiración por su tutor, Guillermo de Baskerville, un ilustre
monje franciscano que logró despertar en él la curiosidad, el amor al conocimiento y la dedicación a su fe. Además de describir la situación de la época, debido al enfrentamiento entre la monarquía europea y el jerarca de la Iglesia Católica, al desprecio por la mujer, a las condiciones del campesinado y a la falta de liderazgo, se desarrolla una interesante historia que refleja y simboliza los temores y enigmas de aquellos años. Guillermo y Adso arriban a la abadía, escenario de la trama principal, con el fin de hacer los arreglos para un concilio por una nueva posición franciscana (los espirituales) considerada una clase de "herejía"; sin embargo, se encuentran con los decesos de Adelmo de Otranto (joven miniaturista) y de Venancio de Salvemec (especialista en griego). Éste último, al parecer, habría muerto por denunciar la extraña devoción del ayudante del bibliotecario, Berengario de Arundel, por el joven miniaturista. Adicionalmente, Alinardo de Grottaferrata, un demente y anciano monje, asocia las muertes con el Apocalipsis, que Jorge de Burgos, un monje ciego y muy respetado en su comunidad, aprovechó para ordenar los arrestos de los más jóvenes que, según él, no seguían con rigidez los preceptos de la Iglesia y de paso sembró el temor entre los monjes haciéndolos creer que en la risa no se manifestaba la inteligencia sino la animalidad. En la abadía también se encontraban dos extraños personajes: Salvatore, que en su deformidad representa la oscuridad de la humanidad, al tener dentro de él tanto la ternura y la inocencia como la locura y los instintos más bajos y Remigio, seguidor de Dulcino (al igual que Salvatore) que se desempeña como administrador del monasterio; ambos tratan de ocultar su pasado para poder conservar uno, los privilegios del cargo y el otro la tranquilidad; sin embargo, debido al desarrollo de los hechos y a la llegada del oidor Bernardo Gui, la presión de su antigua vida los lleva a morir en manos de la Inquisición. Ni la agudeza de Guillermo y ni la aplicación de todo su potencial mental, fueron suficientes para descifrar los misterios de la famosa biblioteca de la abadía y sus ocultos laberintos, a pesar de que los demás monjes, por autorización del abad, los guían para armar el rompecabezas que tiene como pieza central un desaparecido
libro. La certeza de que la respuesta está allí la forma en que murieron Berengario y Malaquías porque no correspondían a la descripción bíblica del Apocalipsis, lo que induce a nuestros protagonistas a hacer más continuas las visitas a la biblioteca y su laberinto poniéndolos en dificultades al perderle la pista al libro de Aristóteles y al sucumbir a los raros efectos de una sustancia tóxica puesta a manera de trampa en los lugares más recónditos de la biblioteca. El desenlace, en cierta forma inesperado, pone en riesgo a todo la abadía debido a la decisión de Jorge de Burgos de salvaguardar el libro perdido de la Poética de Aristóteles, pues siendo consciente de que su difusión acabaría con la tesis que tanto había predicado, tragó las páginas del libro que él mismo había envenenado y las cuales habían propiciado la muerte de los demás monjes; por la misma razón inició el fuego en la biblioteca para que Guillermo y Adso perecieran y pudiera mantenerse a salvo su secreto: Aristóteles escribió que la risa era un Don de Dios.