Sabine Dardene está harta de nuestro estúpido morbo, de nuestras incursiones imperdonables en el dolor ajeno y por eso ha
decidido descorrer la cortina para que nadie le vuelva a preguntar cómo fue.
Su historia empieza así, ella tenía doce años, un buen día cogió su bici como cualquiera de sus días anteriores, para ir al colegio, y en el camino a casa de una amiga, alguien le arrancó de su bicicleta para llevarle a un auténtico infierno.
Toda Bélgica sabe que Sabine es una superviviente del violador, pedófilo y asesino Marc Dutroux y toda Bélgica ha podido comprobar la
fortaleza psicológica de Sabine, que tuvo el valor de visitar el zulo en el que estuvo encerrada durante tres meses de vejaciones y que se encaró con su violador en el juicio y le preguntó que por qué no la había matado.
Este
terrible relato, terrible sobre todo por su veracidad, es una muestra más de esa fortaleza.