Este libro afirma que Felipe Melanchthon, descrito tradicionalmente como encasillado sin remedio entre Erasmo y Lutero, que
debió haber sido más teólogo
erasmiano que luterano, fue, por lo menos teológicamente, no erasmiano del todo, sino de hecho agudo antierasmiano. Wengert lo infiere extensamente en comentarios de Melanchthon de la Epístola paulina a los Colosenses, así como en una serie de otras fuentes contempóraneas para hacer preguntas importantes, incluyendo la difícil y evasiva relación entre humanismo y Reforma y asuntos de una adecuada exégesis bíblica del libre albedrío, de justicia divina y humana, y del orden político.