Safari
accidental Safari es una aventura en tierras ignotas y lejanas. Es la odisea en la que el hombre demuestra
su valor y coraje: enfrenta las fauces y garras de las fieras, sortea precipicios, reta a las enfermedades y esquiva el hambre de los antropófagos probables con el único fin de regresar sano y salvo a casa con las manos llenas de colmillos, pieles, cabezas. Si el aventurero tiene talento y paciencia, puede ser que, al calor de la chimenea, escriba para la posteridad las
impresiones de sus andanzas.
Debe quedar claro que safari es sinónimo de planificación. Dejarle al azar las riendas de la expedición es tan peligroso como pretender viajar al espacio sin casco. A pesar de los riesgos de desbarrancarse en un despeñadero o una cascada, Juan Villoro emprende un Safari
accidental. Bajo el sello de Joaquín Mortiz, el ganador del premio Herralde de novela, nos relata su bitácora de viajes e impresiones a través de un mapa bien dibujado donde se aprecian las selvas del rock y algunas de sus fieras, territorios de multitudes que agolpan el zócalo un 16 de septiembre, llanuras de ciudades disímbolas como Berlín, Tijuana y Disney Wordl, un conjunto de oasis para recargar fuerzas (con temas como la Apple, Copito de Nieve, Miss universo 2000, el chile mexicano y un elogio del color negro), así como los campamentos de varios destacados escritores como Salman Rushdie, Martin Amis y Augusto Monterroso.
Además de este mapa trazado con rigurosidad, Juan Villoro inicia el libro con n texto sobre el arte de la crónica. Maestro del género, Villoro designa al Ornitorrinco como el símbolo que mejor define a la crónica. Para todos aquellos que pretendan aventurarse en los ilimitados campos de este género tan en boga en la actualidad, es indispensable echarle un vistazo a las reglas que el autor describe y cumple a lo largo de su Safari accidental, de donde, como él mismo lo dice, regresó sin rasguños ni pérdidas aunque “más de una presa ha muerto entre mis manos”.