En Dublineses, James Joyce pinta todo el espectro de sus raíces
irlandesas (con especial atención a los detalles) y
crea un retrato
fiel de la
ciudad –su ciudad natal– y su gente en una era de grandes
transformaciones políticas y sociales. En aquella época, la población
de Dublín era de trescientas mil personas. Su arquitectura y su
grandeza permitían a los habitantes apreciar toda su magnificencia. La
ciudad escogida por Joyce por su gracia y alegría decayó durante casi
un siglo, quizás la razón de que el libro encierre tantos enigmas.
Más allá de su realismo brillante y casi brutal, ésta es una novela
plagada de misterios, ambigüedades y ecos simbólicos. La
obra representa la experiencia irlandesa con un rigor moral extremo.
Se trata de un clásico imprescindible para quienes desean comprender no
sólo cómo era la vida en esta ciudad capital, sino también algo más de
este autor y su obra.