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Síntesis y críticas breves

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Menores al por mayor XXI

por : Juan1337    

Autor : Juan1337
Continuación...
Tenía en ese entonces el pelo largo, muy brillante, los pequeños pezones muy duros y la cachucha cubierta
por débiles pelitos, casi pelusa, te diría.
Llegó la peluquera y cuando terminó entró la maquilladora. El roce en mi cara del cepillo que usaba me daba escalofríos. Yo estaba aterrorizada.
Volvió el fotógrafo y me hizo acostar sobre unas pieles blancas que había en una tarima. Detrás de esa tarima había una gran foto de un paisaje nevado. Después vine a enterarme que era de Bariloche.
Me hizo cambiar permanentemente de poses. Es decir, estaba siempre en movimiento. Poco a poco me sentí más tranquila. Él lo notó enseguida porque me dijo algo así como "Ahora vas bien nena... Seguí moviéndote así..." hasta que terminamos.
El fotógrafo se fue y entró la chica que me había atendido primero.
Vestite, me dijo con una sonrisa y luego me llevó a una cocina pequeña donde me ofreció una taza de caldo bien caliente y se sirvió otro tazón para ella. Detrás de la mesa había un tabique de madera y de pronto escuché un par de voces. Reconocí la del fotógrafo que decía algo así como "La última turrita me enloqueció... Otra que modelo... Yo me la llevaría a mi casa para ponerla en la mesita de luz y tenerla siempre a mano... Te juro que la haría relinchar como una yegua. Te imaginas, con mi biela funcionando a cien pistoneos de locomotora antes del orgasmo, la volvería loca... Y luego se la metería por ese hermoso culito que tiene..."
Ese fue el primer piropo que escuché en Buenos Aires. Me puse colorada, de vergüenza y de bronca. La chica que me acompañaba me sonrió y me pidió que lo disculpara. No quiso faltarte el respeto, me dijo, pero... ¿viste como son los hombres?..
Mientras ella hablaba yo pensaba en lo que había dicho el fotógrafo atrás de la pared de madera, especialmente en eso que pistoneaba como una locomotora. Y de repente me sentí toda mojada.
Poco después vino el dueño de la agencia. La chica de la entrada me lo presentó y me dijo que tenía que ir con él para ver si decidía firmarme el contrato. Que si lo firmaba iba a ganar mucha plata.
El tipo tenía como 35 años. Con una sonrisa me dijo "vamos Nancy que tenemos mucho que hacer".
Subimos una escalera y llegamos a una habitación muy pero muy grande. Había una especie de living, un escritorio con tres o cuatro sillas y más al fondo una cama muy alta, es decir, una cama normal con un colchón muy grueso.
El dueño de la agencia me hizo sentar frente al escritorio, miró con mucha atención las fotos que me habían sacado y después me leyó unos papeles. Yo no entendí nada. Después me dijo que si él firmaba ese contrato yo sería famosa, viajaría por todo el mundo, ganaría mucha plata y en dos o tres años sería multimillonaria. Yo enseguida pensé en mi vieja. ¡Tenía razón la guacha!..
Un lacónico "¿Y... Querés firmar o no?... me sacó de mis pensamientos. Le dije que si.
Bueno, entonces, si estás de acuerdo en firmar, tenemos que hacer la prueba final. Necesitamos saber como funcionás como mujer. para recomendarte a las agencias de toda Europa.
Sin saber bien lo que decía me lo imaginé.
Me tomó de la mano y me llevó hasta la cama. Empezó a desvestirme. Yo estaba desesperada. No sabía que hacer, estaba sola, muy lejos de mi casa. Tuve muchas ganas de ponerme a llorar. Pero pensé en el contrato... y en mi vieja... y en Europa... ¿Cómo será Europa?...
Cuando estuve totalmente desnuda me preguntó cuantas veces había hecho el amor. Le dije que ninguna. Se asombró. Vamos a ver si es cierto... Entonces se agachó y empezó a chuparme suavemente.
Yo estaba dura como una tabla. Cagada de miedo. Aterrorizada y a punto de largarme a llorar.
Él seguía lamiendo suavemente mientras me acariciaba las tetitas. Poco a poco me fui relajando. Pensaba... ¿Cómo era eso que decía mi vieja?... Dejalo con la ametralladora hinchada pero no se la hagas disparar. ¿Y eso, como se hace?..
Por último se acostó sobre mí, me abrió la vulva con sus dedos y empezó a penetrarme. Una mezcla de dolor y ardor me hizo gritar con todas mis fuerzas. A pesar que le imploraba que no siguiera, que me dolía mucho, siguió empujando hasta el final.
Mientras lloraba de dolor y bronca al mismo tiempo, él jadeaba y quería besarme en la boca. Yo torcía la cabeza, hasta que acabó, permaneciendo como desmayado, con todo su peso sobre mi cuerpo. Tuve ganas de pegarle, de arañarlo, de matarlo...
Continúa...
Publicado el: enero 08, 2006
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