Continuación...
Estacioné el auto en la cochera y entramos.
Le ofrecí una bata y le recomendé que se diera una
ducha, porque la mojadura la iba a enfermar. Lo hizo de inmediato. Se desvistió sin incomodarle mi presencia y se metió en el baño.
Mientras tanto le preparé un té bien caliente, que le ofrecí cuando salió del baño, envuelta en mi bata que, por supuesto, arrastraba por el piso alfombrado. Yo sabía que debajo de la bata no tenía nada, porque su ropa interior había quedado prolijamente colgada cerca de la estufa, secándose.
Nos sentamos a tomar el té alrededor de la mesa redonda, uno frente al otro. De pronto se levantó y corrió su silla al lado de la mía. También acercó su taza. Me tomó la mano y me la llevó a su pierna, por la abertura de la bata.
-Estoy helada, ¿viste?..
-Es cierto... estás helada. ¿No estaba caliente el agua?.
-¡Sí!.. Estaba calentita, pero yo chupe mucho frío toda la tarde vendiendo flores y me cuesta entrar en calor. ¿Me ayudás a calentarme?..
-¿Cómo te llamás?..
-Nancy..
-Bueno... Mirá Nancy. Quiero aclararte algo. Si acepté que vinieras a dormir a la cabaña fue para ayudarte, para protegerte, no tengo ninguna otra intención que esa. Tampoco soy puto, no lo vayas a pensar. Simplemente quiero ayudarte, ¿lo entendés?..
Se puso a llorar. No sabía como consolarla. Se notaba que hacía mucho tiempo que tenía ese llanto reprimido. Cuando se calmó quiso contarme su historia. La dejé:
"...Resulta que una hermosa mañana de setiembre, hace como tres años, mi mamá me llamó y me ordenó que me desnudara. Cuando me quedé en bombacha y corpiño sacó un centímetro del costurero y sin decir una palabra empezó a medirme por todas partes. La cabeza, el pecho, la cintura, las caderas, las nalgas, los muslos... y las medidas las anotaba en un pedazo del papel del pan. ¡Voy a
tener un vestido nuevo! (pensé)...
Pero no. Porque enseguida me dijo: Tenemos una buena noticia. En "El Diario" de Paraná hay un aviso. El aviso que tanto estuve esperando. Una agencia de modelos de Buenos Aires está buscando chicas y chicos de 12 a 16 años para hacer desfiles internacionales y pagan muy bien. Y con tu figura seguramente serás seleccionada... Mirá que caderas, mirá que pechos... ¿Te das cuenta?.. Lo que
siempre soñé para vos. Que triunfaras en la vida como modelo... Y si triunfás vamos a vivir bien, a tener una casa decente, a comer todos los días y, quien te dice, a tener un auto y hasta podremos veranear todos los años. Por fin vamos a poder sacarnos de encima al borracho asqueroso de tu padre.
No le contesté. No entendía bien todo lo que hablaba. Me miré en el espejo roto del ropero y no noté nada de lo que ella decía. Mis caderas eran las mismas que las de mis amigas. Mis tetas eran todavía muy pequeñas, apenas empezaban a crecer. No eran más que los incipientes pechitos de una nena de doce años.
Con mi vieja fuimos escribiendo una carta en una hoja de carpeta del colegio, pusimos mis datos y las medidas y salimos enseguida para el correo. La despachamos a la dirección del aviso con una foto que me habían sacado en el colegio durante un partido de voley.
Unos quince días después llegó una carta de ellos. Me habían aceptado. La alegría de mi vieja era increíble. A mí se me aflojaron las piernas. Me pedían que estuviera en Buenos Aires en una semana. La verdad que yo tenía mucho cagazo. Nunca había estado en Buenos Aires y menos en una selección de modelos. Y para peor, mi vieja se negó terminantemente a acompañarme.
Yo no voy a ir mijita... -me escupió en la cara-. Primero porque no tenemos plata para dos pasajes. A duras penas podremos juntar para uno, el tuyo. Segundo porque tenés que ir sola. Es asunto tuyo. Vos serás la modelo. Vos vas a ganar toda esa plata. Y además, tenés que empezar a aprender a desenvolverte sola en la vida. Ya tenés doce años y yo no voy a estar siempre para acompañarte. Como mucho puedo darte algunos conejos. Siempre que salgas con un tipo cambiate la bombacha. Y después juega con el anzuelo, hacelo babear, hacelo quedar con la lengua afuera, dejalo calentito pero sin darle nada. Así lo tendrás siempre a tus pies. En otras palabras, hacele encender la pistola al máximo pero sin dejar que se dispare.
La hago corta. Llegué a Buenos Aires, a la agencia. Una chica muy linda me tomó los datos y me dijo que haríamos una sesión de fotografías. Me llevó al estudio, en la trastienda.
El fotógrafo me dijo que me desnudara y esperara a la peinadora y a la maquilladora. Hacía frío. Me senté junto a una estufa. Tenía en ese entonces el pelo largo, muy brillante, los pequeños pezones muy duros y la cachucha cubierta por débiles pelitos, casi pelusa, te diría.Llegó la peluquera y cuando terminó entró la maquilladora...
Continúa